sábado, 30 de noviembre de 2013

Las vacaciones.

-Te digo que estoy bien, no necesito vacaciones
-Si las necesitas- me refuta Arthur mientras sube algunas cosas en el auto -todos las necesitamos-
-¿Y Marcos?-
-Estará bien, sabe cuidarse solo-
-Esta bien- Saque mis lentes de sol de la cartera y me los coloque mientras veía a Santiago llegar con un estilo playero de chico surfista que le quedaba tan hermoso. 
-Luces genial- 
Lo abrace por la cintura como si no quisiera que nunca se alejara de mi lado.
-No mas que tu hermosa, estoy esperando con ansias estar este tiempo solos, en la playa..-
Se acerco a mi agarrándome la cara, muy cerca a mi boca, pero Arthur nos sorprendió al abrir la puerta del carro desde adentro
-A ver tortolos, súbanse al auto, o sino nos deja el vuelo-
Santiago sonríe con un poco de pena
-Lo..Lo siento Arthur, ya vamos-
Debo aceptar que me dio mucha risa verlo nervioso y sonrojado ¡Se veía tan tierno!. Nos despedimos de Marcos, quien se quedaba terminando sus trabajos de la universidad, subimos al auto y nos encaminamos al aeropuerto.

De llegada al aeropuerto, entramos a hacer el chequeo de equipaje y vuelo, cosas de las que se encargaría Arthur, la fila era muy larga y muchas personas llegaban, se puede decir que el aeropuerto estaba lleno de gente. Por un lado estaba tranquila, mi padre había levantado la orden de búsqueda aceptando por fin que me fui de casa y que estaría bien sola, pero me sentía intranquila, presentía que algo malo pasaría a pesar que no quería dañarle el viaje a los chicos. Decidí sentarme en una de las bancas de espera mientras los chicos registraban las maletas, un vistazo leve hacía la puerta lleno mi corazón de miedo: un frío paso por mi cuerpo -No un frío cualquiera, un frío de invierno, un aire de temperaturas bajo cero- al ver a un hombre vestido de un saco blanco y una camisa negra, a pesar de el verano intenso tenia su largo cabello suelto color blanco y una corbata de igual color, su cara era muy pálida y sus ojos estaban cubiertos por unos lentes oscuros. De inmediato comencé a temblar de frío sin poder dejar de ver a aquel hombre. 
Santiago que en ese momento volteó a mirarme salió corriendo a abrazarme
-¿Estas bien?-
Mis ojos lo miraban directamente mientras el me sonreía
-¡Mercy!- Santiago gritó -¡aquí estoy!
Parpadee dos veces y el hombre se había esfumado, el frío se había ido. Ya todo había pasado.
-Estoy bien, agarremos este avión y vámonos de aquí

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